domingo

Maitecicleta illuminati

Como tengo la chifladura espacial, puse una imagen del sistema solar como fondo de escritorio. Mi amigo Rubén, que tiene 11 años, me preguntó el otro día que por qué tengo eso tan feo en el ordenador.
     -¡¿Feo?! ¿No te gusta? Pero si es precioso: mira qué pequeños son los planetas comparados con el Sol, incluso Júpiter se queda pequeño. Mira qué color azul tan bonito tiene Neptuno, es mi planeta favorito...
     -¿Y qué? -me interrumpió- Eso para qué sirve. Yo me sé el nombre de los planetas porque entraba en un examen, pero es que es una chorrada tener que saber eso, cuando nosotros no vamos a vivir nunca en otro sitio que aquí, en la Tierra. ¿Para qué queremos saber nada más?

Para qué queremos saber nada más... Hace poco oí a un divulgador contar cómo cada vez es más normal encontrar niños, sobre todo urbanitas, que no acaban de creerse que haya estrellas visibles a simple vista. A los niños les parece una estupidez estudiar el universo porque, cada vez más, para ellos es un concepto abstracto.

Seguramente  nuestros antepasados empezaron a progresar en inteligencia cuando, al mirar hacia el cielo en las noches estrelladas, se hacían preguntas. Mirar a las estrellas catapulta la mente. Estudiarlas, catapulta el desarrollo de muchos avances científicos y tecnológicos de los que toda la humanidad se beneficia. ¿Será que hay a quien no le interesa que la ciudadanía levante la cabeza y la mirada? 
 
Yo creo que lo que manifestó mi amigo Rubén es un síntoma que evidencia una enfermedad social. ¿Para qué hacerse preguntas? ¿Para qué saber más de lo que hay fuera de la Tierra? Con que la gente joven tenga el conocimiento justo como para saber llegar un poco más allá de los Pirineos a buscar trabajo, ¿para qué más?

Por eso es importante que tomemos conciencia del problema de la contaminación lumínica.  A mí lleva años molestándome cuando en los veranos trato de ir a contemplar las Perseidas, esa lluvia de meteoros que hace las delicias de los que piden deseos. Aun viviendo en un pueblo de la Sierra de Gredos era prácticamente imposible alejarse lo suficientemente de las "boinas" de luz que proyectan hasta las poblaciones más pequeñas.

Un tipo muy interesante para empaparse de este tema es el astrofísico Fernando Jáuregui, del Planetario de Pamplona. Decía que ya en el año 2009 había que alejarse como 200 kilómetros de Madrid para escapar de su influencia lumínica. (¿Cuánto habrá que alejarse de Madrid para ver el cielo cuando funcione Eurovegas?) 
 Fernando Jáuregui explica muy bien los efectos de este tipo de contaminación y asegura con datos que una iluminación urbana pensada para ver el cielo no sólo es más eficiente energéticamente, sino que encima es muchísimo más barata. Si tienes interés en saber más de este asunto o incluso para proponer en tu pueblo o ciudad que la iluminación no mate el cielo, te aconsejo que busques a Fernando Jáuregui (el astrofísico) en internet. Te pongo aquí una de sus charlas divulgativas donde da gusto escucharle.

Dale a play para escuchar esta interesante charla
También te la puedes descargar gratuitamente desde esta página.
¿Cuánto hace que no puedes ver la Vía Láctea desde tu casa? Es triste porque al fin y al cabo, la Vía Láctea... ¡es tu casa!
 
Esta viñeta y la de más arriba son obra de un dibujante llamado
Ramón Rodríguez. Las cedió para ayudar a la divulgación
en el año de la Ciencia, celebrado en 2009

2 comentarios:

  1. Venga, venga,... a ver si salen los comentarios.
    Basta de censura!!.
    Aguanta las críticas como una auténtica Maitecicleta!!.
    (El Comentarista Justiciero).

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  2. ¡Oh, no! El Comentarista Justiciero!!! Ruedines, pa qué os quiero...

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